Inventados a finales de los 90, estos faros se basan en un gas inerte, el xenón, que ilumina al aplicar una alta tensión entre los dos electrodos dentro de la bombilla. Emiten una luz blanca similar a la diurna para ofrecer una conducción perfecta. Los faros de xenón utilizan un corrector de flujo automático y un sistema lavafaros que garantizan prestaciones y rendimiento.
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